El cambio es hoy, no mañana, si se quiere reconstruir un futuro de unidad, de paz y reconciliación, en el país y en el continente. Esta la enérgica exhortación del Papa, a los más de 20 mil fieles congregados en el aeropuerto de Bamenda, Camerún, en la Santa Misa por la Paz y la Justicia. También una invitación a ser protagonistas, confiados en la Palabra de Dios que abre espacios nuevos y genera transformación y sanación.
Compartir el camino, las dificultades y las esperanzas de los fieles de Bamenda como un peregrino de paz y de unidad, ha sido la primera revelación de León XIV al abrir su homilía, no sin antes reconocer que las manifestaciones festivas y el fervor de las oraciones del pueblo camerunés son un signo de su entrega confiada a Dios y de su inquebrantable esperanza en el Padre.
Hermanos y hermanas, muchos son los motivos y las situaciones que rompen el corazón y nos hacen caer en la aflicción. En efecto, las esperanzas en un futuro de paz y reconciliación, en el que cada uno es respetado en su dignidad y a cada uno se le garantizan sus derechos fundamentales, se debilitan continuamente a causa de los numerosos problemas que afligen a esta tierra bellísima.


Miles de fieles asistieron, en una fiesta de colores y alegría, presenciaron la Santa Misa por la Paz y la Justicia en Bamenda (@Vatican Media)
Una situación que si bien expone a todos a un sentimiento de impotencia y desconfianza, pero que exige una voluntad de transformación.
Este es el momento de cambiar, de transformar la historia del país. Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro, ha llegado el momento de reconstruir; de componer nuevamente el mosaico de la unidad ensamblando la variedad y las riquezas del país y del continente; de edificar una sociedad en la que reinen la paz y la reconciliación.
No caer en la resignación y la impotencia
Nuevamente, el Pontífice advierte que ante las dificultades, muchas veces consolidadas en el tiempo, se corre el riesgo de caer en la resignación y en la impotencia, ya no se espera más.
La Palabra de Dios abre espacios nuevos y genera transformación y sanación, porque es capaz de poner el corazón en movimiento, de desestabilizar la marcha normal de las cosas a las que fácilmente nos acostumbramos, de convertirnos en protagonistas activos del cambio.

El altar colocado bajo una gran carpa en el aeropuerto de Bamende (@Vatican Media)
No dejarse confundir por quienes usan la fe
Por último, el Pontífice se hizo eco de las continuas denuncias de los obispos de la Conferencia episcopal de Camerún sobre la incompatibilidad entre la fe cristiana y las creencias de otros grupos, panteístas, hechiceros, naturalistas, filosóficos y racionalistas que proponen formas sincréticas que plagian y confunden. De allí su invitación a seguir las palabras del Apóstol Pedro a obedecer a Dios, no a los hombres, porque sólo Él es Dios.
Nos invita a promover la inculturación del Evangelio y vigilar atentamente, también nuestra religiosidad, para no caer en el engaño de seguir aquellas sendas que mezclan la fe católica con otras creencias y tradiciones de tipo esotérico o gnóstico que, en realidad, a menudo tienen fines políticos y económicos.
El arzobispo Andrew Nkea Fuanya alza el caliz donado por el Papa a la Iglesia de Bamenda (@Vatican Media)
Ser fuente de consuelo y esperanza
Y antes de impartir su bendición apostólica al final de la Misa, el Papa recibió las palabras del Arzobispo de Bamenda, Monseñor Andrew Nkea Fuanya, quien agradeció su presencia, a pesar de todos aquellos que intentaron disuadirle de esa decisión: “Cosecharemos los frutos de su visita durante muchos años y confiamos en que la paz por la que ha venido a orar volverá a esta Provincia eclesiástica”.
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