• 23 Octubre 2025 – Veredicto unánime de teólogos en el Vaticano reconoce la heroicidad de las virtudes del P. Esteban Gumucio sscc

    El proceso de beatificación del Siervo de Dios, Padre Esteban Gumucio Vives, sscc, dio un paso decisivo este jueves 23 de octubre de 2025 tras conocerse el resultado del Congreso de Teólogos del Dicasterio de la Causa de los Santos en el Vaticano, que emitió un veredicto unánime y positivo sobre la heroicidad de sus virtudes.

    La noticia fue confirmada por Alex Vigueras sscc, vicepostulador de la Causa, quien explicó que “acabamos de saber el veredicto del Congreso de Teólogos en Roma: el parecer respecto a la heroicidad de las virtudes del P. Esteban Gumucio fue positivo por unanimidad”.

    El padre Alex señaló que este dictamen marca una etapa de gran importancia en el camino hacia la canonización y para que el Padre Esteban sea declarado «venerable». “El paso dado por los teólogos es muy significativo —afirmó— porque ellos como expertos, examinan cuidadosamente todos los escritos y documentos del Padre Esteban, verificando que no exista ningún error teológico o contradicción con la doctrina de la Iglesia. Su juicio unánime dado hoy refleja la solidez del testimonio de fe del P. Esteban”.

    El vicepostulador agregó que, en el desarrollo de este proceso, se solicitó documentación complementaria para precisar ciertos aspectos de la investigación histórica. “Tuvimos que enviar algunos documentos adicionales, pero finalmente hubo unanimidad, y eso es muy, muy positivo. Estamos felices”, indicó.

    Explicó también que el paso que sigue ahora corresponde al análisis del caso, concretamente de la Positio, por parte de los cardenales y obispos que son miembros del Dicasterio para las Causas de los Santos, quienes evaluarán el conjunto del proceso y emitirán su propio veredicto. Si este es también positivo, recomiendan al Papa para que autorice la declaración de «venerable» mediante la promulgación de un decreto que reconoce la heroicidad de las virtudes.

  • Buena reseña publicada en La Tercera del libro del destacadp filósofo Byung-Chul Han y sus escritos buscando a Dios: “En la actualidad, nuestra atención gira en torno al yo”


    Sobre Dios. Pensar con Simone Weil (Paidós), se llama la más reciente publicación del connotado filósofo, en el que en base a las ideas de la francesa se adentra en una reflexión sobre Dios y la sociedad actual. Con su habitual mirada crítica, Han explora las causas por las que, a su juicio, hay una crisis de la religión.

    José Miguel CL


    Comentario de Quintín: Sin haber leído el libro y solo a partir de la reseña que comparte José Miguel yo diría que más bien se trata de una manera de acercarse al concepto de Dios desde la óptica de Simone Weil (1909- 1943). Su obra oscila entre la filosofía, la mística y la política, aunque sin quedarse nunca del todo en ninguna de esas tres órbitas. Acudiendo a lo que aporta Expedito mi asesor digital diremos que el pensamiento weiliano se puede resumir en términos de Atención, Descreación, Justicia y Desgracia

    • La Atención como forma de amor. Para Weil, la atención pura —despojada de deseo, de voluntad, incluso de expectativa— es el acto más alto del espíritu. En su texto Reflexiones sobre el buen uso de los estudios escolares, dice que cada ejercicio de concentración, aunque sea sobre una tarea trivial, entrena el saber para recibir la verdad; la atención es, para ella, oración laica.
    • Para Weil, Dios luego de crear opta por una “descreación” (décréation) en la que se retira para dejar espacio al mundo. Asimismo el imperativo humano más fundamental es el acto de “descrearse”, vaciarse de sí mismo para dejar que ese espacio se inunde de la gracia verdadera del bien. Es decir, un un misticismo de la gravedad virtuosa y sin éxtasis, donde la gracia se expande porque no hay obstáculo.
    • La justicia como atención al otro. Su política, profundamente anti totalitaria, nace del mismo principio que su ética: escuchar lo invisible. El obrero, el campesino, el que padece —todos los que quedan fuera del ruido del poder— encarnan la verdad del mundo. Weil quiso vivir esa verdad hasta el límite: trabajó en fábricas y rechazó los privilegios intelectuales en sutil despliegue de su gracia weiliana.
    • La desgracia (malheur). Su análisis del sufrimiento es descarnado. La desgracia no es mera adversidad, sino la experiencia de desposesión total, cuando hasta el alma parece perder su voz. Sin embargo, ahí mismo puede nacer la pureza del consentimiento: aceptar sin resignarse, amar sin poseer.
    • Y de esta lista limitada y arbitraria pasemos a un humilde soneto en alpargatas que desde el afecto se apoya e inspira en Expedito del algoritmo :

    Soneto para José Miguel, en la huella de Simone Weil

    No hay Dios que pese más que la materia,
    ni luz más pura que la que se extingue;
    en la atención —humilde— el alma finge
    ser nada, y en su nada se hace seria.

    Callar es el oficio de la arteria
    cuando el dolor en sí mismo distingue
    la sed del don: el fuego que no rige,
    la fe que no reclama su miseria.

    Primo querido, en tu voz familiar resuena lo inasible,
    ese temblor que al mundo sostiene
    sin nombre, sin querer, sin razón, mas amenible.

    Y si el amor en todos nos contiene,
    que sea el leve, el manso, el invisible,
    quien con su peso leve nos sostiene.

    —————————————-
    Vale, y termino agradecido con esta cita weiliana de aguda transparencia:

    No hay mayor libertad que el consentimiento a la necesidad.
    No hay mayor atención que la que se ofrece al silencio.
    Y no hay mayor amor que dejar de ser para que el otro sea.”

    (Cuaderno VI, 1942)

    Asi se dejar venir entrando el hilo conductor palpitante de la Razón cordial, un wirin como diría el kimün mapuche, con Simone Weil, Byung-Chul Han, Expedito, vos José Miguel y tu primo Quintín toditos tomados de la mano en estrecho y logrado Entrevero

    Y uno queda con ganas de saber más y leer por ej.

    Fuego de la libertad : el refugio de la filosofía en tiempos sombríos, 1933-1943,
    por Wolfram Eilenberger

    La intrigante historia de cuatro iconos mundiales que diseñaron un mundo nuevo en una época oscura. La década de 1933 a 1943 marcó el capítulo más triste de la Europa moderna. En medio del horror, Simone de Beauvoir, Simone Weil, Ayn Rand y Hannah Arendt, cuatro de las figuras más influyentes del siglo XX, mostraron lo que significa llevar una vida verdaderamente emancipada y, al mismo tiempo, desarrollaron sus ideas visionarias sobre la relación entre el individuo y la sociedad, el hombre y la mujer, el sexo y el género, la libertad y el totalitarismo y Dios y la humanidad.Con gran habilidad narrativa y un equilibrio magistral entre el relato biográfico y el análisis de las ideas, Eilenberger nos ofrece la historia de cuatro vidas legendarias que, en medio de la convulsión, como refugiadas y combatientes de la resistencia, condenadas al ostracismo e ilustradas, cambiaron nuestra forma de entender el mundo y sentaron las bases para una sociedad verdaderamente libre.Sus aventuras las llevaron del Leningrado de Stalin a Hollywood, del Berlín de Hitler y el París ocupado a Nueva York; pero, sobre todo, dieron lugar a sus ideas revolucionarias, sin las cuales nuestro presente, y nuestro futuro, no serían los mismos. Sus trayectorias muestran cómo la filosofía también puede vivirse y son un testimonio impresionante del poder liberador del pensamiento

     Taurus, Barcelona, 2021

  • Aporte de Carlos Alberto


    Luqui y M. Anastasia en Puerto Varas 1961. M.Olga guagua y Guillermo Canales hijo, niño chico se habían quedado en Collanco a cargo de personal competente
    ——————————————–
    Mama Iniz y M. Gabriela en lo de Francisca y Carlos Alberto

    Chabela y Luqui con los recién nacidos mellizos de Juan Manuel
    ———————————-
    Cascada del Quillem

    Veraneantes han llegado de Vertientes y Collanco, a unos 6 km. de distancia

  • Quintin – Comencé a ver All about Eve de 1950, con Bette Davis más que nada por curiosear el tema historia del cine.

    No la conocía y al poco rato ya la estaba mirando con creciente interés. Resultó ser un film extraordinario que pasó a integrar mi lista corta de muy buenas pelícúlas!!

  • Amables lectores, pongo aqui este material que encontré
    Lutin Mombasa
    ————————————
    El Hocicón de la Pampa.

    Lunes 19 de Septiembre de 1881

    *Del extranjero- New Jersey. Muere el presidente Garfield de EEUU.

    Nos cuenta un Illimani que el argentino Roque Sáez Peña, el que se rindió en el Morro de Arica, al respecto dice “la bala del asesino Guiteau, al apagar la existencia del presidente Garfield, detuvo y cambió el rumbo de la escuadra interventora que se dirigía a Pisagua para imponer una solicitud de fuerza”. ¿Será cierto?

    De la ocupación. – Callao y Lima. ¡Feriado! A las 20:00 las bandas tocan música en la plaza. 

    Iquique.- Zarpa hacia el nortge la cañonera Magallanes  

    Desde el Perú. – Cajamarca. Nos cuenta un Rímac que han aumentado las deserciones. Se aumenta el plazo para que se presenten los desertores, en 20 días, de lo contrario se van presos, también los que le brinden refugio además de pagar de 50 y 500 soles de plata. 

    De Chile.- Santiago bajo el presidente Domingo Santa Maria, el gabinete queda conformado como sigue:
    Interior, José Francisco Vergara Echevers;
    RREE, José Manuel Balmaceda Fernández;
    Justicia, José

    – Eugenio Vergara Galeas;
    – Hacienda, Luis Aldunate Carrera;
    Guerra y Marina, Carlos Castellón Larenas. 

    ——————————————————————–

    Hay bastante más que se puede dilucidar de la actuación y salvación de Sáenz Peña, hijo del presidente de Argentina Luis Sáenz Peña, ese dia del combate del morro de Arica. Transcribo a continuación lo escrito por Rodrigo Ugalde:

    LA SALVACIÓN DE ROQUE SÁENZ PEÑA. EL ARGENTINO QUE COMANDABA UN BATALLÓN DURANTE EL ASALTO Y TOMA DEL MORRO DE ARICA

    POR RODRIGO UGALDEColaborador de la Academia de Historia Militar

    El notable episodio que relataremos ocurrió hacia el final de la batalla que la historia conoce como el “Asalto y Toma del Morro de Arica” del 7 de junio de 1880.

    En tales momentos, cuando las tropas chilenas ya se encontraban en la cima del morro, fue donde se dio una situación increíble, la que preservó la vida del teniente coronel argentino don Roque Sáenz Peña, comandante del batallón “Iquique”, que –de paso— permitió salvar al coronel peruano don Manuel C. de la Torre y del Sargento Mayor don Francisco Chocano.

    La salvación de Roque Sáenz Peña y la de los otros dos oficiales que escaparon “in extremis” de la muerte puede calificarse como milagrosa y se debió a la intervención de un oficial del Cuarto de Línea, don Ricardo Silva Arriagada.

    Antes de entrar a la narración de la salvación del oficial argentino, creemos necesario referirnos a un tema con ella relacionado y que no ha sido tratado en ninguna de las obras chilenas ni peruanas sobre la Guerra del Pacífico, a saber: ¿Por qué razón un joven argentino se encontraba formando parte del ejército peruano, joven que era de posición acomodada y que no había abrazado la carrera militar, sino que era Diputado en su país?

    La respuesta a tal interrogante no aparece en ninguna de las obras peruanas, ni tampoco en las chilenas, relativas a la Guerra del Pacífico. Debemos buscarla en una reciente obra del historiador argentino Julio Horacio Rubé, denominada Tiempos de Guerra en América del Sur. Argentina y Chile 1826-1904, quien comienza señalando que el 30 de junio de 1879 el señor Sáenz Peña, había formulado su renuncia indeclinable a su banca de diputado y manifestado su decisión: “…de ofrecer como combatiente sus servicios al Perú.”*[2]

    A continuación dicho autor nos indica que, a pesar de que los amigos y familiares trataron de disuadir a Sáenz Peña, aquél se mantuvo firme en su postura, por lo que algunos de ellos lo acompañaron a Montevideo, donde se embarcó hacía el Perú en el vapor Potosí.

    ¿Por qué razón lo hizo así? Julio Horacio Rubé, nos da la respuesta: Fue por una profunda pena de amor, causada por una confesión hecha por su padre, don Luis Sáenz Peña, que sería Presidente de Argentina entre los años 1892 y 1895. Así explica el historiador argentino la situación que llevó a la Guerra del Pacífico a un don Roque, pues contaba con 28 años de edad:

    “La verdad es que Roque Sáenz Peña se había enamorado de una joven que pertenecía a su mismo grupo social, vecina de la estancia de Brandsen, le parecía que había hecho una buena elección. Selo comunicó entonces a su padre y le manifestó la idea de casarse. Don Luis se opuso, luego decidió confesarle la razón de su terminante negativa, le dijo que no podía casarse con esa joven porque era su media hermana. La muchacha era fruto de una aventura pre o extramatrimonal de don Luis.”[3]

    Tal sería, entonces, la verdadera causa de su enrolamiento en el ejército peruano, combatiendo en las batallas de Dolores y de Tarapacá, donde demostró su valor, para —finalmente— luchar en Arica, al mando del batallón “Iquique”. Al final de la cruenta batalla se encontraba herido en un brazo y a merced de los enfurecidos soldados del Cuarto de Línea, que a nadie le iban a perdonar la vida después de la muerte de su comandante don Juan José San Martín por lo que —perfectamente— pudo haber seguido la suerte de Bolognesi, de Moore, de Ugarte y de los demás jefes y oficiales peruanos que allí fueron ultimados.

    Roque Sáenz Peña pudo morir en la cima del Morro de Arica ese día 7 de junio de 1880 y, providencialmente, salvó su vida gracias a la notable intervención de un oficial chileno, vida que se extendió hasta el año 1914.

    Este episodio lo relata Nicanor Molinare, quien para hacerlo se toma de lo escrito por Ricardo Silva Arriagada, el oficial chileno que salvó de la segura muerte al señor Sáenz Peña. Dice así:

    “Iba a descender al plan por un senderito que vecino al mástil se encontraba, cuando varios jefes peruanos subían a la altura; uno de ellos me dijo:

    —¡Sálvenos, señor; estamos rendidos!

    Eran los señores comandantes don Manuel C. de La Torre, don Roque Sáenz Peña y el mayor don Francisco Chocano, que arrancando de la furia de los soldados chilenos, se rendían a discreción.

    La Torre me entregó su revólver; don Roque Sáenz Peña estaba herido en el brazo derecho. En el acto tomé las medidas del caso para salvarlos.

    La tropa que venía atacándolos, continuo disparando; mandé hacer «¡Alto el fuego!», y sólo haciendo esfuerzos soberanos, pude contener a nuestros hombres.

    “ENTRÉGUENOS LOS JEFES CHOLOS, PARA MATARLOS, MI CAPITÁN”, gritaban y vociferaban todos a la vez.

    La Torre y Chocano pedían a gritos perdón; Sáenz Peña se mostró tranquilo, sereno, imperturbable; si hubo miedo, en don Roque, no lo demostró; aquello resaltó más y se grabó mejor en mi memoria, por cuanto los dos prisioneros peruanos clamaban ridículamente por sus vidas.

    Cierto que el trance fue duro, apurado, y él subió de punto cuando al pasar cerca de una de las piezas del Morro, reventó ésta, en circunstancias que, revólver y espada en mano, defendía a mis prisioneros.

    La explosión fue tremenda; la muñonera del cañón, por poco no mata a uno de ellos; la tropa, ciega, se vino encima gritando: “ENTRÉGUENOS LOS CHOLOS TRAIDORES, MI CAPITÁN”.

    El comandante La Torre agrega: “Nosotros no somos culpables; esas piezas, posiblemente, tenían mechas de tiempo; no nos maten; nada sabemos; no tenemos participación”.

    Chocano une sus súplicas a La Torre, y al fin consigo salvarlos. Don Roque Sáenz Peña, mudo, no habla, no desplega sus labios; pálido se aguanta, y se aguanta.

    En esos momentos, varios soldados persiguen a tiros a unos infelices, y éstos se precipitan por una puerta que existe en el suelo, nuestros hombres llegan y hacen fuego. La Torre y Chocano, que ven aquello, gritan:

    “Por Dios, no hagan fuego; ésa es la santa bárbara del morro, la mina grande; hay más de 150 quintales de dinamita; está llena de pólvora y balas; ¡va a estallar!”

    La tropa se detiene, y ante la declaración de La Torre, que es el jefe de Estado Mayor enemigo, comprende la suprema necesidad de salvar a esos prisioneros, y se tranquiliza.

    Las jeremiadas de los prisioneros peruanos continúan, y solicitos a todo, dan muestras de miedo, pero de mucho miedo.

    Don Roque Sáenz Peña sigue tranquilo, impasible; alguien me dice que es argentino; me fijo entonces más en él: es alto, lleva bigote y barba puntudita; su porte no es muy marcial, porque es algo jibado; representa unos 32 años; viste levita azul negra, como de marino; el cinturón, los tiros del sable, que no tiene, encima del levita; pantalón borlón, de color un poco gris; botas granaderas y gorra, que mantiene militarmente.

    A primera vista se nota al hombre culto, de mundo.

    Más tarde entrego mis prisioneros a la Superioridad Militar, que los deposita, primero en la Aduana, y después los embarcan en el “Itata”.

    Esto es, agrega el ex-capitán del 4.º de línea, don Ricardo Silva Arriagada, cuanto a mi actuación en Arica puedo narrarle, y me da todavía otros interesantes detalles.

    “Aquí tiene usted, repite, dos cartas originales, y que prueban la verdad de mi relación.”[4]

    Así fue, entonces, como Silva Arriagada logró salvar a Sáenz Peña y a los dos oficiales peruanos que lo acompañaban.

    Resuelto a evitar que fueran ultimados, revolver y espada en mano, sustrajo de la muerte a los tres. Impidió, con su feliz intervención, la pérdida de un hombre notable quién, por su nobleza, decoro, distinción, inteligencia y carácter, llegó a ocupar lugares de privilegio en Argentina, transformándose en un internacionalista de nota y, finalmente, en el Presidente de su país entre los años 1910 y 1914. De él se dijo, y así lo demuestran las cartas y los gestos que se relatan a continuación, que: “Nadie le disputó a Sáenz Peña su puesto de primer caballero de su generación.”[5]

    Como verdadero caballero que era, Sáenz Peña siempre reconoció que su salvación se debió a la intervención del capitán Silva Arriagada. Así lo hizo, por escrito, en varios valiosos documentos que transcribimos, dos de los cuales entregó a Molinare:

    PRIMER DOCUMENTO. ACLARACIÓN SOLICITADA POR EL SEÑOR CAPITÁN DON RICARDO SILVA ARRIAGADA, SOBRE LA BATALLA DE ARICA Y SU RESPUESTA. Dicen así:

    “San Bernardo, Julio 22 de 1880.

    Sr. Capitán don Ricardo Silva Arriagada.

    Valparaíso.

    Muy señor nuestro.

    Hoy ha llegado a nuestro poder su estimada fecha 18 del presente, que a la letra dice:

    Valparaíso, Julio 18 de 1880.

    Señores Comandantes Saenz-Peña, La Torre, Chocano.

    Muy Señores míos:

    Con el fin de aclarar ciertos errores que aparecen en las relaciones de los corresponsales, y como muchos de ellos tendrán que figurar, quiero que sean los más exactos: en esta virtud, espero que ustedes se sirvan contestarme al pié de la presente, si es efectivo que el 7 del próximo pasado en la batalla de Arica, fui yo el primer oficial chileno que llegó allá parte norte del Morro, junto a donde estaba la bandera, y si es efectivo que ahí me cupo el honor de salvarlos de nuestros soldados, lo que supongo ustedes no lo habrán olvidado, tanto más cuanto que así me lo prometieron ustedes.

    Por mi parte, conservo con verdadera satisfacción el revólver que me entregó el señor comandante La Torre, y a más el recuerdo de haber podido hacer algo por ustedes en ese momento.

    Mi objeto es que aparezca la verdad: y como ustedes son testigos oculares e imparciales, me he tomado la libertad de dirigirme a ustedes.

    Deseando que la presente los encuentre completamente buenos, los saluda su afectísimo y S.S.

    Firmado – R. SILVA ARRIAGADA

    Grato nos es dar a Ud. la contestación que nos pide, en homenaje a la verdad.

    Es U. el primer oficial del ejército chileno que llegó a la parte norte del Morro al pié del asta, en que estaba izada nuestra bandera, y donde nos encontrábamos los dos primeros de los suscritos; y nos complacemos en declarar, que ahí y en aquel momento, fue su empeño principal realizado con inquebrantable energía, salvar de las matanzas, que se hacía a los suscritos y a los pocos oficiales que habían quedado con vida.

    Esto mismo hemos dicho a los muchos señores de Santiago que han tenido la bondad de visitarnos, cuando ha habido oportunidad para hablar del asunto; y esto mismo publicará la prensa peruana a su tiempo.

    Saludando a Ud. muy afectuosamente nos suscribimos sus. S.S.

    M.C. de la Torre

    Roque Sáenz Peña.

    M. Francisco Chocano.” [6]

    SEGUNDO DOCUMENTO. La CARTA de don Roque Sáenz Peña a don Ricardo Silva Arriagada, fechada el 3 de julio de 1905. Es un documento realmente notable por el alto vuelo literario que alcanza. Dice lo siguiente:

    «COPIA.- Carta de don Roque Sáenz Peña.- Roque Sáenz Peña.- Estudio: Reconquista 144.- Buenos Aires, julio 3 de 1905.- Señor R. Silva Arriagada.

    Mi estimado amigo: Me es grato corresponder a su afectuosa del 28 del pasado, como me fue muy agradable recibir el mensaje que usted se sirvió enviarme por intermedio de mi amigo el teniente general Luis María Campos, y sino correspondí a este último, fue por ignorar la dirección que debía dar a mi carta.

    Yo también he recordado siempre el nombre de usted y su buena acción al proteger los heridos del Asalto de Arica y salvarles la vida a los pocos jefes sobrevivientes, en cuyo número me cuento. Esas buenas acciones deben dejar en el espíritu como un grato perfume y un honroso recuerdo para el resto de la vida, probando que aún en el ardor de la pelea, el sentimiento humano nos detiene ante el sacrificio inútil y la demasía de sangre que había corrido a raudales en aquel día.

    Para los que estábamos adentro había una sentencia inapelable; la afrontamos con resolución, y no tendríamos motivo para protestar, de nuestra suerte decretada por nosotros mismos y escrita por nuestra propia mano; la vida en aquel momento era un capricho del destino; usted nos la acordó conteniendo la matanza en favor del comandante La Torre y del que firma, y puede usted tener la seguridad de que los dos recordamos su acción y su nombre.

    Cuanto estuve prisionero en Chile, tuve ocasión de declarar que fue Ud. el primer oficial chileno que pisó el morro de Arica y contuvo el exterminio de heridos y prisioneros; habían muchos oficiales que aspiraban al mismo honor, pero no los vimos sino muy tarde, cuando la tropa, lejos de la acción de usted, que le mantuvo en nuestra protección, cometía horrores con los caídos.

    Tengo que agradecerle además los conceptos benevolentes con que usted me favorece, aun cuando no tenga la posición favorable que me supone en la política de mi país; no ocupo hace muchos años posición alguna oficial, y hace diez años que vivo consagrado a mi profesión de Abogado, gozando sí del buen concepto de mis conciudadanos.

    La posición de usted me interesa mucho. ¿Qué cargo desempeña allí? ¿No me sería posible hacer algo en su obsequio? Sería para mí una gran satisfacción.

    Tengo el gusto de estrecharle la mano y reiterarme su affmo. amigo y S.S.:

    Roque Sáenz Peña.

    P. S.- Le adjunto ese discurso a objeto de demostrarle que su nombre ha estado siempre en mi recuerdo.- V.»[7]

    Por su parte, don Arturo Alessandri Palma, dos veces Presidente de Chile, en su obra CHILE Y SU HISTORIA, transcribe un episodio y, a propósito de este, parte de una carta de Roque Sáenz Peña que ratifica lo escrito en tales preciosos documentos. Dice así:

    “Cuando tuvo lugar el canje de los Pactos de Mayo, vino a nuestro país trayéndolos, un General argentino, quien de viaje al Sur, encontró en la estación de Curicó al Alcalde la comuna de Tutuquén. Mi gran amigo y correligionario Ricardo Silva Arriagada. Este le preguntó al general si sería tan amable de saludar a nombre de Ricardo Silva Arriagada al Presidente de la República Argentina, diciéndole que lo acompañaba mucho con su pensamiento y deseaba saber si el Presidente también lo recordaba a él.

    A los 15 o 20 días le llegó a Ricardo Silva una carta preciosa, en la que el Presidente de Argentina le decía: “Me ha mandado preguntar Ud. si lo recuerdo. ¡Como piensa que no lo voy a recordar al teniente Arriagada! Cómo se imagina que he podido olvidarme que, cuando estaba en las puertas de la muerte, frente a mí un pelotón de soldados embravecidos, un joven de figura esbelta, decidido, imperioso y con los brazos abiertos presentó su pecho gritándoles: Matadme a mí, primero, pasen por sobre mi cadáver. Respeten al Comandante que es argentino!”[8]

    Tales documentos son, entonces, mudos testigos de que es efectivo que Roque Sáenz Peña, nunca olvidó al oficial chileno que le “acordó la vida” en la cima del Morro, recordándole incluso cuando era Presidente de Argentina.

    No son los únicos gestos del oficial argentino, pues: “en agradecimiento por aquél gesto del capitán Silva Arriagada que le salvó la vida, adoptó la modalidad de enviarle un telegrama todos los años en el día de su cumpleaños.”[9]

    El detalle de como recibía el telegrama enviado desde el otro lado de los Andes lo relata un testigo del episodio, el político chileno Arturo Olavarría Bravo, quien —en su infancia— vivió en la ciudad de Curicó, mismo lugar de residencia de don Ricardo Silva Arriagada. Aun cuando lo narra erradamente pues lo asocia al día del aniversario de la toma del Morro de Arica, ello no obsta transcribir este hermoso recuerdo:

    “Don Ricardo Silva Arriagada era otro vecino de nota. Había participado en la toma del morro de Arica, durante la misma guerra, y le cupo, en medio de la carnicería que hicieron las tropas chilenas, salvar la vida del militar argentino, don Roque Sáenz Peña, que peleaba a favor del Perú, como ayudante del general Buendía. El señor Sáenz Peña desempeñó, años después, la primera magistratura de su patria.

    “Invariablemente, en el día aniversario de esa acción guerrera, don Ricardo se presentaba a una hora determinada en la puerta de su casa de calle Estado. Ahí estaban esperándolo la banda de músicos del regimiento Dragones, que ejecutaba una alegre diana en cuanto aparecía el noble veterano, todos los oficiales de la guarnición y gran cantidad de vecinos y de pueblo. Después de los saludos y aplausos de rigor, el viejo militar miraba de reojo hacia el costado de la calle y no quedaba tranquilo hasta que, abriéndose paso entre el gentío, aparecía el mensajero del telégrafo trayéndole el saludo agradecido del presidente de la República Argentina. Don Ricardo lo leía en voz alta y, luego, una salva de aplausos acompañaba al ufano contoneo de ese viejo león de la guerra, ahora amable y bondadoso caballero de la paz. “[10]

    Sin duda un extraordinario y notable episodio, poco conocido en nuestra historia, y que debe recordarse pues nos demuestra la nobleza, dignidad, honor, valentía y caballerosidad de los dos militares que en él participaron.

    NOTAS AL PIE

    1. Con su autorización, se publica este artículo que es parte de un libro en preparación por el mismo autor.

    2. Rubé, Julio Horacio (2016). Tiempos de Guerra en América del Sur. Argentina y Chile 1826-1904, Editorial Eder, Buenos Aires, p. 188.

    3. Idem, p. 189.

    4. Molinare, Nicanor (1911). Asalto y Toma de Arica, Santiago de Chile, Imprenta de “El Diario Ilustrado”, pp. 103 y 104.

    5. Cárcamo, Miguel Angel (1986): SAENZ PEÑA. LA REVOLUCIÓN POR LOS COMICIOS, Buenos Aires, Hyspamérica Ediciones Argentina S.A., p. 147.

    6. Idem, p. 104.

    7. Ibidem, p.106.

    8. Alessandri Palma, Arturo (1945). CHILE Y SU HISTORIA, Editorial Orbe, Santiago de Chile, Tomo II, pp. 91-92.

    9. Rubé, op. cit., pp. 2066-207.

    10. Olavarría Bravo, Arturo (1962). CHILE ENTRE DOS ALESSANDRI, Editorial Nascimento, Santiago de Chile, T. I, p. 16.

    NOTA: Ese artículo forma parte de un trabajo de mayor extensión del autor sobre el Asalto y Toma del Morro de Arica.

  • https://www.youtube.com/watch?v=nUZ7PSXkY28

    Está en inglés pero muestra aspectos interesantes de la realidad urbana de entonces

    Quintin Editor

  • Quintín / Muchos cuentos tendremos en la familia Castellón pero hay que decir que ésto nos supera:

    Patricia Rubio Palma comparte, en el grupo FB Fotos antiguas del gran Concepción, esta fotografía con el relato narrado por su padre Jose del Carmen Rubio, según se lo contaron a él su abuelo Abraham y su padre José Rubio Aguayo. Las únicas evidencias de este relato son la fotografía que acompaña cuyo original existe aún y algunas copias scaneadas, Consta además lo relatado por todos los familiares descendientes de los 8 hijos e hijas de los dos matrimonios.

    Los primeros años de don José del Carmen Rubio  de la Cruz transcurrieron en el campo, una vida netamente campesina, al norte de Concepción donde su familia poseía tierras. El caminar del abuelito “Carmen”, como cariñosamente le decían sus amigos y parientes, transcurrió entre Peñablanca – Florida, Agua Amarilla , Penco y Concepción, donde se cuenta que siguió estudios de leyes cursando hasta el 3er año, en un curso que existía en aquel entonces en el Liceo Enrique Molina Garmendia, ya que la Universidad de Concepción aún no había sido fundada. Eso le permitió desempeñarse más tarde como Juez de Campo, resolviendo litigios de tierras. En Penco también poseían propiedades, las cuales heredó en parte nuestra familia y otras se perdieron por las informalidades jurídicas de la época 1900- 1930.

    Existe una vaga información de que el bisabuelo se hubiese enrolado en el Batallón Cívico Movilizado Concepción durante la guerra del Pacífico (1880-1883), una parte del cual alcanzó a ser movilizado al teatro de operaciones en la sierra peruana combatiendo en la batalla de Huamachuco. Sin embargo la otra parte del batallón quedó en Concepción al resguardo y seguridad de la ciudad y lo mas probable es que él se quedó ese segundo contingente dada su juventud y poca experiencia militar.

    Luego llegó el año 1891 y al estallar la guerra civil durante el gobierno de José Manuel Balmaceda, se enroló, de 31 años en las filas del ejército gobiernista en defensa del gobierno constituido, ya que en la provincia el propio Intendente encabezó dicho enrolamiento y fue al mando de esas tropas a teatro de operaciones en la provincia de Aconcagua y Valparaíso. (Versión historia de chile, ya que en  la provincia no hubo formación  de otros cuerpos militares opositores al presidente Balmaceda).

    El bisabuelo  “Carmen” combatió en la Batalla de Concón formando parte de los refuerzos que por FFCC llegaron desde el sur.  Allí fue herido por esquirlas de cañón las que le causaron heridas  en una extremidad inferior (tibia y peroné), cuyas cicatrices lo acompañaron hasta el momento de su muerte según recuerda mi padre. Fuera de combate y herido quedó bajo el amparo de la Cruz Roja porteña, acogiéndose más tarde a la ley de amnistía.

    Mientras tanto su esposa lo había seguido hasta ese lugar, como era la costumbre de la época donde muchas mujeres al igual que en la Guerra del Pacífico siguieron a sus maridos a la guerra. 

    Al mismo tiempo que ocurría el desarrollo de las operaciones, su esposa  trabajaba como empleada doméstica en una de las viviendas con balcón en Valparaíso , donde después de más de 5 meses sin verse ni saber nada uno del otro,  ella lo descubrió desde un segundo piso  caminando con una muleta por las calles de Valparaíso; al identificarse con un papel escrito lanzado por ella desde el balcón, se reencontraron y volvieron rápidamente al sur a sus tierras campestres para seguir laborando  y vinieron sus hijos: Narciso, Abraham (MI ABUELO), Eufemia, Jacinta, Dolores, Víctor, del primer matrimonio, Carmela y Emelina , del segundo matrimonio; a cinco de ellos yo conocí.
    ———————————–
    Nota del editor: Un poco confusa esta parte
    ————————————–

    La propiedad donde ellos vivían contaba con una gran casa estilo patronal y el bisabuelo “Carmen” guardaba muchas fotografías de la época e incluso de la guerra, su uniforme de soldado más otras reliquias que él logró traer desde el norte y fotos de la familia.  Lamentablemente la casa fue arrasada por un voraz incendio y no quedó nada; solamente cenizas.

    Al fallecer el bisabuelo, en 1926, mi abuelo Abraham se acordó del incendio, de las fotos de su padre  y que no iba a tener ningún recuerdo de él. Ya sepultado en el cementerio parroquial de Penco, tuvo com,o una semana después la peculiar idea de exhumarlo, con el permiso del cura párroco, y fotografiarlo junto a su familia para tener así un único recuerdo de su padre.

    Más que la misma muerte yo creo que aquí primó el amor y sentimiento del  hijo hacia el padre, a tal extremo que él caminó 11 Kms. desde  Penco a Concepción por camino de tierra, polvo y barro (1926), para ir a buscar un fotógrafo de máquina de cajón (al centro de la plaza Independencia  de Concepción) y traerlo en FFCC hasta el cementerio de Penco para proceder a tomar dicha fotografía y así poder dejar un recuerdo de su padre  que él ni la familia tenían, fotografía que hasta el  día de hoy perdura como un fiel testimonio  de lo que  vivieron nuestras familias en siglos pasados en Chile.

    Personas centrales del  Relato.

    • JOSE DEL CARMEN RUBIO DE LA CRUZ ( Bisabuelo ) 1860-1926; en la foto exhumado y de cuerpo presente.
    • ABRAHAM RUBIO RIVERA  ( Hijo) 1900-1976 ; en la foto el más alto al lado de su finado padre
    • JOSE DEL CARMEN RUBIO AGUAYO ( Nieto) 1922- 2012, el niño más pequeño con zapatos, el último en fallecer de la fotografía.
    • JOSE DEL CARMEN RUBIO CHAVEZ (Bisnieto) 1952 – Relator. PROFESOR NORMALISTA CON MENCION EN CIENCIAS SOCIALES.
    • PATRICIA RUBIO PALMA. TATARANIETA

    Fuente Grupo FB Fotos Antiguas del Gran Concepción
    Texto corregido y mejorado por el editor Quintín.

  • Estamos en pleno disfrute de lo que hemos recogido de nuestras plantaciones caseras


    Los planes respecto a papas eran de mayor envergadura pero mi prolongada enfermedad mayo-junio limitó´lo que al final se pudo hacer

    El manzano crece poco pero sí da mucha fresca y jugosa fruta. Tomates cualquier cantidad pero éstos últimos ya difícil que alcancen a madurar

    Como se aprecia arriba las dulces uvas fueron pocas, unos cuantos racimos más no.

  • M.Gabriela – Se acerca la fecha (6 Noviembre) cuando iré a la sala Santa Cecilia aqui en Roma a escuchar a la orquesta dell´ Academia Nazionale di Santa Cecilia, bajo la dirección del Director de Música Daniel Harding que presentará Las Valkirias de Richard Wagner.


    He ido ya a una charla preparatoria para enfrentar las cinco horas que dura el espectáculo. Muy interesante sobre la música de ese gran compositor (1813-1883) y este drama operático de tanta envergadura. Según se nos explicó Die Walküre de Wagner — la segunda jornada de su Der Ring des Nibelungen — es un universo entero en sí misma, donde se mezcla lo musical, lo mitológico y lo humano. Las Valkirias es, en cierto modo, el corazón emocional del Anillo de los Nibelungos: allí donde Wagner no solo inventa un mito moderno, sino que introduce la fractura humana, el temblor de la compasión y la tragedia del amor imposible.

    El motivo musical de esta ópera condensa algunos de los leitmotiv más reconocibles: desde el “Motivo de las Valkirias” (convertido casi en cliché por el cine y la cultura popular) hasta los motivos de los Wälsungos, Wotan y la espada Nothung. Más que meras melodías: son redes que tejen memoria y presagio en la escucha.

    Wotan y Brünnhilde: El verdadero drama se juega entre padre e hija. Wotan y Brunilda. Atrapado por sus propios pactos y leyes, éste se desgarra entre la necesidad de mantener el orden y su deseo de libertad. Brünnhilde, en cambio, se humaniza al rebelarse en favor de la compasión. Ese gesto es quizá el momento en que la saga deja de ser un mito cerrado y comienza a convertirse en tragedia viva.

    El centro humano del ciclo consiste en que a diferencia de Das Rheingold, que está más poblada de dioses y fuerzas cósmicas, Las Valkirias desciende al terreno de lo humano: el amor imposible entre Siegmund y Sieglinde, la rebelión contra el orden impuesto y el drama del destino que todo lo condiciona. Aquí Wagner nos muestra que incluso dentro de una epopeya mítica late un corazón profundamente humano.

    En la historia de la ópera, pocas escenas tienen tanto peso como el final, cuando Wotan despide a Brünnhilde y la rodea con el fuego de Loge. Es el pasaje donde la grandilocuencia mítica se vuelve intimidad desgarradora.
    Quedamos a la expectativa / Balalin

    Acota Quintín: El mismo estelar dirigente Daniel Harding aparecerá esta tarde 4 Octubre en TV2 dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca en un concierto del 2024