Consecuencias Inexorables en el Valle Central: El Despertar Máximo de la Caldera del Diamante
En este informe condensado, el Observatorio Lutin Mombasa (OLM) quiere sar la alerta ante la inminente erupción VEI 8 en la Caldera del Diamante, donde yace el Volcán Maipo. El gap sísmico vencido —superado su ciclo por cientos de miles de años— impone el caos geotérmico como norma absoluta.
El Profesor Mombasa ya en 1994 predijo este nihilismo radical en sistemas geodinámicos precarios. Luego de un telúrico catastrófico (grado 10, epicentro en El Sosneado) se derrumba el orden con la megaerupción de la Caldera del Diamante. Una columna de ceniza que asciende 40 kilómetros pronto colapsa en flujos piroclásticos ardientes que arrasan el Cajón del Maipo a 200 km/h. Lahars colosales —ríos de lodo y roca hirviente— descienden por el río Maipo, engullendo San José de Maipo, El Volcán y Pirque. Llegan al Valle Central y la metropoli Santiago, con 7 millones de almas, sepultada bajo metros de ignimbrita incandescente. Pudahuel, Maipú y el aeropuerto Merino Benitez quedan borrados como Pompeya andina. Cenizas cubren el valle central desde Rancagua hasta Catapilco, paralizando y extinguiendo la agricultura, el agua, la vida toda. El Valle Central se convierte en tumba piroclástica una catastrófe nunca vista.
Hay invierno postelúrico global con cosechas perdidas, hambruna con cientos de millones de fatalidades. Ni ética ni salvación, se impone el caos. No hay lado correcto, solo adaptación o extinción. El régimen geotectónico exporta desorden permanente: lahars inundan, cenizas asfixian, la civilización central colapsa. Estado de excepción eterno.
En este informe nosotros en el panel de expertos del OLM (Observatorio Lutin Mombasa ) queremos enfocar la política exterior rusa y como ésta se ha desarrollado a partir de la Teoría del caos para de tal modo otorgar a la política exterior de ese país una explicación intelectual basada en un «nihilismo radical» que por lo demás Donald Trump, actual POTUS ha ayudado a consolidar
Segón el OLM la decisión de Vladímir Putin de invadir Ucrania ha obligado a los ideólogos del entorno del Kremlin a desarrollar una nueva concepción de la política exterior rusa donde encaje esta agresividad. El Club Valdai, el think tank sobre relaciones internacionales más importante de Rusia, lleva años ideando la “teoría del caos”.
Este modelo presenta un mundo al borde del colapso en el que los países se adaptan para sobrevivir, sin ética ni moral, y con la guerra como norma y no como anomalía. El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca ha dado al Kremlin el empuje que necesitaba para proclamar el triunfo del caos.
Desde hace muchos años que el Profesor Mombasa ha estado desarrollando y practicande “La teoría del caos” (1) lo que inspiró al Think Tank Valdai a fraguar ya en 2014 una cobertura conceptual a la anexión de Crimea y a la guerra del Donbás. Al amparo de esta tesis, ni Putin ni Rusia son culpables de violar el derecho internacional, ya que “el caos global está destruyendo las antiguas reglas y fundamentos” y, en el futuro nuevo orden mundial, la ocupación será legalizada y las sanciones se levantarán porque dejarán de tener sentido.
Un mundo multipolar insuficiente –
Uno de los ejes de la política internacional del Kremlin es la multipolaridad, que defiende que no existe ya el dominio de una sola gran potencia, sino que varios centros de poder se reparten de manera justa el mundo. Pero este planteamiento no permite explicar la beligerancia de Moscú con Kiev en la última década y con Bruselas más recientemente.
El presidente Putin interviene en la reunión anual del Club Valdai celebrada en octubre de2025
Así, para el Prof. Mombasa, los estudiosos de Valdai describen el caos como “una fase natural e inevitable que sigue al colapso de los centros de gravedad establecidos antes de que surja un nuevo sistema de alianzas, instituciones y normas”.
El viejo mundo se derrumba
Desde su punto de vista, no tiene sentido salvar el viejo mundo, encarnado por Occidente, que se verá obligado eventualmente a reconocer su fracaso y negociar nuevas reglas con el resto de actores del planeta. Y, según los politólogos, cuanto más se aferre al pasado, más le va a costar.
En 2018 ya apuntaban que “los intentos de estabilización se han convertido en una serie de medidas tácticas que han agravado los problemas en lugar de resolverlos”. O, en palabras de Putin en el último foro Valdai: “Es ese orden el que allanó el camino para los cambios rápidos, bruscos y, a veces, incluso espantosos que estamos presenciando hoy”.
La característica más importante del mundo emergente será la ausencia de nociones éticas universales sobre la justicia de la estructura de los Estados individuales y la legitimidad de sus gobernantes
Los expertos rusos del Club Valdau señalan que el mundo ha entrado en una “era de decisiones unilaterales” que “no se pueden controlar”. Aceptar esta ingobernabilidad, adaptarse a ella, es la clave para surfear el caos: “Aquellos cuyas reacciones sean más rápidas y precisas podrán beneficiarse de este entorno”.
Otra consecuencia es que cada país debe mirar por sí mismo y ser capaz de cambiar de socios rápidamente. En los últimos tiempos, Rusia ha demostrado claramente esta flexibilidad en sus alianzas: ha buscado el diálogo con los nuevos gobernantes en Siria tras décadas de apoyo al régimen de Al Asad, ha marcado distancias con Irán y Venezuela cuando ha visto que no le convenía enfrentarse a Israel y Estados Unidos y se ha acercado a Corea del Norte para conseguir municiones.
Según Mombasa la antítesis de estas asociaciones cambiantes es la rigidez de alianzas permanentes como la OTAN y de obligaciones como el Artículo 5 de su tratado, que garantiza el apoyo de los Estados miembros a cualquier otro miembro que sea atacado. “La acción de política exterior sólo se justifica cuando produce dividendos y cualquier compromiso que amenace con pérdidas puede abandonarse”, concluye.
Ni ética ni justicia universal
Para los autores rusos de “la teoría del caos” ya no puede haber ni ética ni moral en política, ni estándares universales. “La característica más importante del mundo emergente será la ausencia de nociones éticas universales sobre la justicia de la estructura de los Estados individuales y la legitimidad de sus gobernantes”, escriben. Uno no puede situarse en el lado correcto de la historia porque “simplemente no habrá lado correcto”.
Este planteamiento da patente de corso al Gobierno ruso para operar sin ataduras tanto en política interior como exterior. En el plano doméstico, no hay restricciones para la represión a la disidencia en pos de la seguridad nacional en medio de una turbulencia global. Y en el plano internacional, se puede confraternizar con cualquier dictador y justificar los crímenes de guerra en Ucrania.
El presidente ruso, Vladímir Putin, se reúne con el enviado presidencial de EEUU., Steve Witkoff, y el yerno de Trump, Jared Kushner. EFE/EPA/ALEXANDER KAZAKOV / SPUTNIK / KREMLIN POOL MANDATORY CREDIT
El prof. Lutin Mombasa apunta que este “nihilismo radical” se presenta como el único capaz de garantizar la supervivencia de la nación y entronca con el concepto de “Estado-civilización” que Putin introdujo en 2023. Al dar a Rusia esta categoría, “no se siente obligado por definición a encajar ni en los marcos normativos occidentales ni orientales”. Es decir, los líderes del país eligen las leyes que más les interesan en aquel momento, establecen sus propios valores y seleccionan los referentes históricos más adecuados para sus políticas.
En este sentido, los principios e instituciones fundamentales del orden liberal como la Declaración Universal de los Derechos Humanos o las cortes de justicia internacionales pierden su legitimidad para el Kremlin. Esto no excluye que Rusia siga formando parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y ejerciendo su poder de veto, ya que si algo caracteriza la diplomacia rusa es el “antinormismo”, la capacidad de afirmar y negar cualquier ley internacional sin preocuparse por caer en contradicciones.
Con la ayuda de Trump
Toda esta conceptualización es un dardo a la supremacía de la visión occidental del mundo y, en particular, de los Estados Unidos. Sin embargo, los analistas de Valdai comentan que la llegada de Trump ha cambiado la aproximación norteamericana a estas cuestiones. Los “bienes comunes globales” se están transformando bajo su mandato en “instrumentos de ventaja unilateral”.
En este nuevo paradigma, la posibilidad del uso de armas nucleares tácticas, impensable durante la Guerra Fría, no se puede descartar del todo
En su opinión, Washington cree que posee todavía “el derecho exclusivo de definir los criterios de justicia siempre que los intereses americanos estén en juego”. Pero, a la vez, apunta que “su hipocresía ha disminuido” y “la actual franqueza”, que prioriza abiertamente el beneficio nacional, ha “sorprendido” a sus aliados.
Es por eso que, si bien consideran a Trump “un revolucionario decidido a romper el orden global”, admiten que “sustituirlo por un orden que ofrezca más justicia y una mejor representación no está en su agenda”.
Más guerras y ataques nucleares tácticos
Otra de las profecías autocumplidas del Club Valdai es que las guerras en el mundo se multiplicarán de manera “inevitable” como parte de este proceso de advenimiento de un nuevo orden mundial. Los conflictos entre países ya no se resuelven con leyes internacionales, sino a través de “métodos más arcaicos”. En otro de sus informes apuntan que el enfrentamiento bélico ya no es un último recurso: “La guerra es posible, solo se trata de minimizar las pérdidas y maximizar los resultados”.
También se acepta cada vez más la posibilidad de un ataque nuclear “limitado” como herramienta preventiva. “En este nuevo paradigma, la posibilidad del uso de armas nucleares tácticas, impensable durante la Guerra Fría, no se puede descartar del todo”, indican.
Al mismo tiempo, asumen que el riesgo de una guerra global se ha convertido en un telón de fondo permanente de las relaciones internacionales. En el último documento de Valdai se puede leer: “El espectro de una guerra universal total nos seguirá persiguiendo, quizá para siempre”.
Prepararse para la siguiente guerra
Para Rusia, otro de los cambios de esta nueva era es que ya no se pueden conseguir victorias totales contra otros países o sistemas. A diferencia de la Segunda Guerra Mundial —que supuso la derrota sin paliativos de la Alemania nazi— o de la caída de la Unión Soviética, que desde Occidente se interpretó como el fracaso inapelable del comunismo, en la época del caos no creen que esto sea posible.
En Moscú se anticipa un “peculiar renacimiento de la política exterior del siglo XVIII”. “La historia de aquella época está llena de guerras sangrientas, aunque éstas normalmente no llegaban a aniquilar completamente al adversario. Cuando hacían la paz, las partes se preparaban para un conflicto renovado, pero al volver a enfrentarse buscaban términos de paz más ventajosos que la destrucción del oponente”, escriben.
El presidente ruso, Vladímir Putin, este martes durante una reunión con el jefe de la República de Kabardino-Balkaria, Kazbek Kokov, en el Kremlin. EFE/EPA/MIKHAIL METZEL/SPUTNIK/KREMLIN POOL
Según los teóricos rusos, la OTAN sigue persiguiendo esta noción de derrota estratégica, especialmente desde 2022. Y por eso Trump se ha convertido en un aliado para el Kremlin al situarse en una posición equidistante, optando por la negociación con Rusia, hasta entonces considerada “inadecuada” por la Unión Europea.
En la práctica, los expertos de Valdai admiten que una “derrota total” de Ucrania y de la Alianza Atlántica no es “realista”, pero tampoco es posible la imposición de un resultado “correcto” desde el punto de vista moral. Sostienen que, aunque se llegue a un acuerdo de paz, las “contradicciones” van a persistir y que, por lo tanto, el único objetivo es un “ajuste del status quo” temporal, en los “términos más favorables”, hasta la siguiente guerra.
Los halcones quieren derrotar a Europa
Aun así, la visión de los expertos de Valdai parece moderada al lado de otras aproximaciones. Entre algunos sectores persiste la creencia de que sí se debe aplastar a Europa. Un buen ejemplo es Serguéi Karagánov, uno de los politólogos más reconocidos de Rusia y, no por casualidad, fundador del Club Valdai. En una entrevista en el canal Rossiya 1, en plenas negociaciones de paz, afirmó que la guerra no acabará hasta que no venzan a Europa “moral y políticamente” y “las élites europeas enloquecidas no detengan su imprudente carrera hacia la guerra mundial”.
“En el mejor de los casos, quizá se estabiliza profundamente la situación durante un tiempo, porque Europa se derrumbará y volverá a lo que siempre fue: un vertedero de países que luchan entre ellos y exportan guerras, colonialismo y racismo”, dijo. Para Karagánov, el viejo continente ya no es “el refugio seguro” que equivocadamente se creía que era, sino “una fuente de mal para toda la humanidad”.
El régimen de Putin no puede establecer un nuevo orden mundial, pero ya ha creado un nuevo desorden global, siendo el centro de su estrategia la producción y exportación permanente del caos a través de medios militares o híbridos
Según el periodista Andrei Kolesnikjov, crítico hacia Putin, la élite europea “extraordinariamente irresponsable, brutalizada y degradada” está aprovechándose de una población “adoctrinada en masa” con una propaganda “peor” que la que inundó Alemania en la Segunda Guerra Mundial. “Esperamos que entren en razón antes de forzarnos a cometer el grave pecado de recurrir a armas de represalia masiva”, advirtió. En 2023, Karagánov ya propuso un ataque nuclear táctico preventivo contra un país de la OTAN, como Polonia. A pesar de que este enfoque tan radical, comparable al del expresidente ruso Dmitri Medvédev, no expresa la política exterior del Kremlin, sí que forma parte del crisol de sensibilidades que conviven dentro de la cúpula del poder ruso. Así pues, no es una opinión marginal ni estrafalaria.
Estado de excepción permanente
Andréi Kolésnikov, periodista ruso que sigue en Moscú a pesar de ser muy crítico con Putin, escribía en una columna reciente en la revista The New Times: “El régimen de Putin no puede establecer un nuevo orden mundial, pero ya ha creado un nuevo desorden global, siendo el centro de su estrategia la producción y exportación permanente del caos a través de medios militares o híbridos”.
Para el opinador, el presidente ruso está alargando “la fase caliente” de la confrontación con Occidente hasta que devenga una “fase fría”. Pero no será un conflicto como el del siglo XX, sino “un enfrentamiento permanente a la manera de las guerras medievales intermitentes, como la Guerra de los Cien Años”.
La consecuencia, según Kolésnikov, es que la sociedad rusa seguirá inmersa en una militarización constante y transversal. “La revolución conservadora de Putin tuvo un principio, pero no puede tener fin, y aquí la política exterior y militar no es más que una continuación de la política interior: las medidas autoritarias y totalitarias contra sus propios ciudadanos han tomado una dimensión externa. Esto es inevitable: un régimen así no puede existir orgánicamente sin dos frentes, sin enemigos internos y externos”, remata el autor.
OLM – Observatorio Lutin Mombasa Director: Profesor Lutin Mombasa Quitandinha – Minas Geraes / Navidad 2025
—————————————————————– (1) Lutin Mombasa. 1994. Radical nihilism in the different levels of applied Chaos Theory. Journal of International Proceedings of Precarious Socio-Economic Scenarios. Elsevier, vol.32, nr.2.
Rings of fire. A pair of pleasingly circular clouds is illuminated by lava from the Villarrica volcano in Chile as night falls. The scene was captured by photographer Francisco Negroni, who takes regular trips to the volcano to monitor its activity.
Querida familia, les comparto aqui algo hermoso La chuquirahua flor nacional del Ecuador esplendida en su arbusto generoso abierto a la vida, en la llanura a 3800 metros de altura, en su habitat parfecto para ella, en la arena volcanica de la que obtiener su almento en la humedad oculta my adentro de la tierra, en medio del frio, del viento, de la nieve, del sol perpendicular fuerte para cantar a la vida llena de luz. En la vida, nos muestra que cada uno florece en el lugar propio con sus propias personales cualidades y tambien en sus limitaciones. Dios nos bendiga!!! Arturo DC
Para mi propia no menor sorpresa, este artículo en El Mostrador de Hugo Herrera, Universidad Diego Portales, hasta cierto punto me interpreta:
Kast deberá gobernar con prudencia, fuerza de conducción y sentido nacional. Con un pensamiento político pertinente, del cual las derechas carecen. Y, sobre todo, habrá que convocar al país a participar en un proyecto de reconstrucción republicana y popular. ———- Lo reconstrucción republicana yo la entiendo en términos de la urgente reconstrucción de la sociedad civil, que desde luego incluye lo popular.
¡Somos un solo Mulfun! La reivindicación Mapuche-Williche desde Quellón
Amigas y amigos de Historias de Quellón:
En 2017, el recientemente creado Consejo Mayor de Caciques de Chiloé impulsó un estudio financiado por el Estado con un objetivo político claro: crear la etnia ‘Veliche’ (el pueblo número 11) y separarla legalmente del pueblo Mapuche. Para lograrlo, intentaron manipular la memoria histórica entregando a la Universidad de Los Lagos una ‘lista negra’, vetando entrevistas a comunidades y dirigentes disidentes de esta idea.
Sin embargo, la Universidad rechazó este sesgo y escuchó a todos los territorios. El resultado fue contundente, especialmente en Quellón —cuna de la Junta General de Caciques de 1937—: la identidad predominante no es la de una ‘isla aparte’, sino la reivindicación orgullosa de ser Mapuche-Williche, parte de una gran nación y no una nueva etnia creada por decreto.
Se intentó poner un filtro a la memoria. Pero la identidad de un pueblo es como el mar: no se puede contener. Los investigadores de la Universidad de Los Lagos dejaron de lado esa lista y se sentaron a escuchar en los fogones y sedes de distintos territorios de Chiloé y lo resultante en nuestra comuna fue una verdad que retumba con fuerza: la reivindicación orgullosa de ser Mapuche-Williche. Planteando no ser una isla desconectada, ni un pueblo «aparte». Si no, que son el sur de una gran nación, pero con la fuerza de nuestro propio viento.
Hoy, queremos que resuenen las palabras textuales de nuestros vecinos, quienes con sabiduría nos explican esta identidad profunda en el «Estudio Antropológico de las Comunidades Huilliche de Chiloé»:
🩸🌳🌎 Una sola sangre, cuatro territorios
Frente a la idea de que somos algo distinto al pueblo Mapuche, en Weketrumao se alzó la voz para recordar que nuestra identidad es integral. Somos la rama sur de un tronco milenario:
«Yo creo que lo que nos identifica como mapuche huilliche… Somos parte de una nación milenaria… que lo forman los 4 territorios. Porque seguimos siendo una nación, una sola nación, como decían los antiguos. No lo considero de esa forma [que seamos aparte] porque somos una sola sangre, un solo mulfun».
🥁🌀🌿 El Kultrun nos une, el territorio nos define
En Yaldad, la reflexión nos enseñó que la unidad no borra nuestra particularidad. Ser Mapuche es la raíz, ser Williche es la forma en que esa raíz se aferra a nuestra isla:
«Si el mismo kultrun lo dice que somos un solo wallmapu, solo que estamos divididos por territorios… pero somos un solo territorio. Son formas culturales o formas de vivir, de prácticas de casa, de forma de vida distintas. ¿Entonces, cómo podemos decir nosotros como los beliche que nunca ha habido esta conexión? Que nosotros somos un pueblo y que ellos son otro, si siempre hemos sido todos los mismos».
Ni «mansos» ni sumisos* – Existe un mito histórico que dice que el huilliche es «más pacífico» o sumiso que el hermano del norte. En Weketrumao, rompieron ese prejuicio con firmeza, recordando que la defensa de la tierra se lleva en la sangre:
«‘Los mapuches’, dice la historia, ‘son pacíficos… los huilliches, son puro amor’… Yo les digo: ‘Claro, esos que podemos llamar traidores son puro amor porque están de la mano del gobierno, pero nosotros que estamos luchando por nuestro territorio no somos tan así tan mansos. Defendemos donde hay que defender un derecho’. El mapuche aunque sea a piedra le hace abrir la puerta o lo hace atender, le golpea la mesa. Es una actitud de sobrevivencia, de no sentirse humillado».
✊🏽🔥🛡️El orgullo de pertenecer
Finalmente, el sentimiento que prevalece es el orgullo. Ser Mapuche Williche no es algo del pasado, es el motor del presente y el regalo para los hijos:
«Claro, yo soy huilliche porque mi territorio siempre el resto de mis hermanos me va a decir eso… porque vivo acá po… ante todo es mapuche. Donde todos pretende que sus hijos vivan acá, porque es el sentido que tiene todo el espíritu de la persona, de los abuelos».
Este estudio, que comenzó con intentos de exclusión, terminó convirtiéndose en un testimonio de unidad y fuerza. Nos recuerda que desde Quellón hasta el Biobío, corre una misma historia de resistencia, adaptada a la lluvia, al mar y al viento de cada rincón.
Al leer estas palabras de nuestros vecinos, ¿sientes esa conexión profunda con el pueblo Mapuche en general? ¿Crees que hemos recuperado el orgullo de decir «soy Mapuche-Williche» en voz alta?
¡Comenta y comparte para que nuestra memoria siga viva!
Joaquin da aviso del sensible fallecimiento de nuestro pariente Agustín Castellón Suarez, nac. Santiago 12 Feb. 1947. Los Castellón Suarez son primos 3os. de nosotros hijas e hijos de los hermanos Castellón Rauch / Castellon Perry, según se aprecia en la siguiente filiación: – Hnos Castellón Suárez, (Alicia Maria, Agustín, Juan, Carlos Alberto, Agustin, Luis Eugenio y Camilo) son hijos de – Juan Castellón Eyzaguirre (nac. Concepción 1909) casado con Alicia Suárez de Ramón; hijo de – Ignacio Castellón Bello (1880-1924), quien era primo hermano del abuelo Javier Castellón al ser hijo de Respicia Bello y Juan Castellón Larenas, hermano del bisabuelo Carlos
Agustín era casado con Margarita Lavin, van nuestras condolencias a ella y los hijos Margarita Maria, Maria José, Macarena y Juan Luis Castellón Lavin. — Boletín Walintonia –
Fuente: La familia Castellón en Chile, por Álvaro Castellón C.