Diario El Comercio – Lima
Jamil Condori

Gran parte de nuestros flagelos como país tienen una raíz silenciosa: la ausencia de una cultura jurídica básica desde la formación escolar. El peruano promedio no sabe qué es el derecho ni cómo funciona su sistema de justicia. En el colegio aprendemos muchas cosas, pero no se nos enseña que las leyes pueden darle identidad a una nación ni que reflejan su grado de madurez política, moral y social. Crecemos con instrucción, pero sin comprensión del orden que sostiene nuestra convivencia.

El peruano promedio sabe más de reglas del fútbol que de su propia Constitución. Esa distancia con lo jurídico produce una ciudadanía que participa de la vida pública sin comprender plenamente las normas que la rigen, que reclama derechos sin conocer sus límites y que, en consecuencia, desconfía de su Poder Judicial. Descarga su frustración en los jueces al estigmatizarlos como responsables de todo lo injusto, sin advertir que estos aplican la ley, pero no la dictan. Muchas de las normas que generan malestar provienen del Poder Ejecutivo (Gobierno) y del Legislativo (Congreso).

Si desde la escuela se enseñase las garantías constitucionales y los mecanismos para ejercerlas, los ciudadanos serían más conscientes de sus derechos y de su responsabilidad frente al poder. No se trata de formar juristas, sino personas capaces de comprender el valor del derecho como base de la convivencia democrática. Enseñar Derecho desde el colegio no debería parecer una utopía, sino una necesidad cívica. Un país que educa en el derecho forma ciudadanos más libres, más responsables y, sobre todo, más conscientes de la justicia que los ampara.
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