Dado su alto valor informativo, se publica nuevamente éste ameno artículo del tio Cucho, publcado en el 2012

Un día llegó a Parlamento Florencio Vargas, famoso barítono y amigo de la familia con dos monos bastante insignificantes y feos, de larga cola, que podrían haber sido de raza Tití. Sus nombres: Cara de Níspero él y Cara de Níspera ella. ¡Qué original! Floro que le decían se pirraba por estos adefesios y se pasaba el día limpiándoles la jaula y preparándoles su alimento a base frutos tropicales que en el fundo no se daban en abundancia. En las noches compensaba la monería con lindas canciones como “Rosario que fue de mi madre” y otras que nos dejaban atónitos y suspensos y que hasta producían lagrimones a los más sensibles. Nos contaba además sus giras artísticas, a una de las cuales habían asistido José Ignacio y Maruja en el Teatro Sucre de Quito. La Chabela sabe más pormenores al respecto.
Una mañana, al ir a servirle el desayuno a sus regalones, Vargas se encuentra con la jaula abierta y vacía. Partimos todos en búsqueda de los prófugos sin poder dar con ellos en parte alguna. Cuando su amo se mesaba las barbas de desesperación y comenzaba a dar signos de desmayos y síncopes, desde la alta copa del Walintonia se oyen unos chillidos de felicidad. Eran Cara de Níspero y Cara de Níspera que gozaban de un rato de jolgorio; más aumentó la exasperación de Floro, que veía a sus mascotas transformados en carne de cernícalos, peucos, águilas y hasta cóndores; mi papá lo tranquilizaba diciéndole que cuando los atacara el hambre bajarían. Dicho y hecho, no pasó mucho rato y ambos primates bajaron y se metieron solitos a la jaula donde los esperaban exquisitos manjares como mangos, guayabas, zapotes y otros de similar sabor. Esa misma tarde Floro y sus monos tomaron el tren rumbo al Norte y por lo tanto dejamos de oír bellas melopeas después de comida.

Aunque no conocí a Mister Houghton, pues yo aún no veía las alegrías y penas de este mundo, recuerdo lo que se contaba de él. Este británico fue enviado por el Ministerio de Agricultura de Su Majestad a visitar posesiones rústicas de sus súbditos en América y cayó en Parlamento para pasar allí dos o tres días. Se quedó un mes. Según él, lo que más le había impresionado del Nuevo Continente eran las cataratas del Niágara y las cazuelas de Chile. Lo pasó wonderful conversando en su idioma con las niñas Castellón Perry que sin excepción se enamoraron perdidamente.
Cuando retornó a Londres, donde fue recibido supongo, por el rey en persona, tomó el hábito de mandar a Parlamento una tarjeta de pascua todos los años. Esta tarjeta era finísima y venía su silueta, a los pocos años la suya y la de una lady, después se agregó una guagua, la guagua creció y fue un niño y luego otra guagua; después apareció un pony, etc. Desgraciadamente nunca puso una dirección donde contestarle. Por fin un año no llegó y nunca se supo más. Where are you dear Mr. Houghton?

Agustin Castellón Rauch
Santiago, 2012.

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