Felipe Guarda en Victoria coloca este texto en su Facebook:


En un día como hoy, 26 de octubre, hace 135 años atrás, se inauguró el Viaducto del Malleco por el presidente José Manuel Balmaceda. Me decía Sergio Allan Meier, que incluso también fue un día domingo, así la sincronía es total. La importancia del ferrocarril en el desarrollo del país es ampliamente sabida y como el desarrollo mejoró la calidad de vida de los habitantes. Hace pocos días atrás Nivaldo Cretton dio una interesante charla sobre el tema, así que trataré de dar otros pocos datos.

El viaducto está ubicado a 700 metros de la estación de ferrocarriles de Collipulli. La viga metálica, es de acero, continúa formando enrejado y con todos sus miembros remachados. Se apoya sobre cuatro pilastras del mismo material equidistantes 69.50 metros de centro a centro. Dichas pilastras descansan sobre machones de piedra y mezcla de cemento Portland y están atadas a la mampostería por medio de cuatro gruesos pernos de acero de 7.50 metros de largo; las excavaciones para la construcción de los mencionados machones se profundizaron hasta dar con la roca viva.

Otros datos curiosos son los sueldos pagados a los obreros:
– albañiles,$ 2.20 diarios
– canteros $ 2.30 diarios
– carpinteros $ 1.70 diarios
– peones $ 0.88 diarios (comida incluida).

Ese mismo día 26 de Octubre, el presidente Balmaceda llegó a nuestra ciudad, con una enorme comitiva (150 miembros) «los vecinos se encargaron de recibirlo con gran pompa, embelleciendo el pueblo con arcos de ramajes verdes…Y dicen, aunque no sé si es verídica la información, que la única mujer que aparece en la fotografía del dia de la inauguración es Isidora Goyenechea viuda de Cousiño. Ella donó el carbón de Lota que se usó durante la Guerra del Salitre y el gobierno la recompensó con tierras en la provincia de Malleco, según la historiadora de Quino, Ana María Canales.

Desde la estación terminada a mediados de 1890, el presidente Balmaceda saludó a los victorienses, para luego ser escoltado hasta la plaza de armas (plaza Pinto) donde pronunciará uno de sus últimos discursos antes que estallara, dos meses más tarde, la revolución, que le costaría finalmente la vida»

Me imagino que varios victorienses quedaron sin comida con una comitiva tan grande. Ver el libro de Gallegos y Padilla; Victoria, los inicios de una ciudad 1881-1900.

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