Historia de Julio Martín Alarcón
La inmensa producción china, con menor coste y mayor eficiencia que ahoga ahora a Occidente y especialmente a Europa tuvo su origen no a finales del siglo pasado ni a principios de este, sino durante la Edad Media, a pesar de que durante años haya pesado en la cultura popular occidental la idea de una China circunscrita a la Edad Moderna como rica manufacturera cuyos productos movían el comercio mundial, pero aislada del dominio global de los mares, atrasada militarmente y subyugada paulatinamente por los europeos en los comienzos de la época contemporánea.
¿Qué les defendía de los mongoles? Una gran muralla, pero no de ladrillo y piedra, sino de agua

Ningún gran guerrero mongol, ni Gengis Khan ni sus sucesores Ögodei y Möngke pudieron conquistar la China del sur a pesar de haber destruido a la dinastía Jin del norte, haber llegado a las puertas de Europa y haber dominado Oriente Medio de Persia a Irak. Hasta que de forma inesperada Kublai Kan se hizo con las riendas del imperio de su abuelo Gengis, quien el mismo día que le llevaron a su nieto para que le conociera expresó con desdén «no parece un auténtico mongol».
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Adelantamos un capítulo de ‘1493. Cómo el descubrimiento de América transformó el mundo’, centrado en la historia de la ciudad china que fue el centro del comercio de la plata
Un estudio de la figura y legado del Gran Kan Kublai y de la dinastía Yuan que fundó Kublai, alejado de la clásica visión europea ligada con frecuencia a la perspectiva de los viajes de Marco Polo y que sin embargo pone énfasis en que fue precisamente la China unificada por el improbable Kublai la precursora de la expansión comercial mundial, además de la mayor superpotencia marítima de la época ¿El mayor imperio del mar fundado por los nómadas mongoles de las estepas, inseparables y casi indistinguibles de sus caballos?
Uno de los aspectos principales de la nueva obra de Weatherford que ya había publicado Gengis Kan y la creación del mundo moderno, es que despeja algunos clichés sobre las características de los mongoles y el imperio fundado por Gengis Kan. Habitualmente representados como temibles guerreros que conquistaban, arrasaban y saqueaban lo que encontraban a su paso, lo cual era cierto, se solía dejar en cambio apartado el importante componente comercial, que como casi todo imperio extenso y longevo en el tiempo sirvió de motor principal. Gengis Kan había instaurado el crucial sistema de postas que impulsó la actividad de la Ruta de la Seda con las facilidades de repuesto de caballos, garantías financieras etc.
Hace algunos años el historiador Antonio García Espada apuntaba ya a ese cambio en la concepción de los mongoles en su libro El imperio Mongol (Sintesis): «Más que tratarse de una función derivada de la conquista y gobierno del Imperio, subordinada a decisiones de mayor envergadura tomadas a niveles de mando más alto, la apuesta de los mongoles por el comercio parece constituir la espina dorsal de su acción política y probablemente el criterio unificador de la administración mongola sobre los diversos aspectos de la vida social y económica de sus inmensos dominios».
El experto estadounidense, que también defiende la importancia de la red comercial de los mongoles sin excluir por ello la imperiosa necesidad de conquista derivada de su propia esencia, ahonda con la historia de Kublai Kan en la transformación a partir de una necesidad de adaptación frente a las circunstancias: cuando Kublai Kan se hace con el poder tras al muerte de su hermano Möngke, se ve obligado a virar al sur hacia la impenetrable dinastía Song y su poderosa armada ante la dificultad y lo inoportuno de enfrentarse más al norte a los seguidores mongoles de su hermano menor, que podían además discutir su legitimidad como Gran Kan.
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La fascinante historia de Weatherford pasa por la superación de esa «gran muralla de agua» que hubo de salvar Kublai Kan al frente de un imperio enorme y militarmente invencible, que sin embargo no sabía nada, no ya del mar, sino de la misma navegación fluvial. Además de la tenaz resistencia de los Song en el sur, ni Gengis ni Ögodei habían podido invadir y conquistar la parte verdaderamente rica de China, sencillamente porque no eran capaces de superar los grandes cursos fluviales como el Yang Tsé. En su lugar Kublai Kan, un segundón del hijo menor de Gengis Kan fue educado por orden de su madre Sorghaghtani casi como un chino por filósofos y eruditos, lo que supondría una gran ventaja a la hora de conquistar y asimilar a sus vecinos, además de partir con la ventaja incalculable para el ejercicio de gobierno de una mentalidad universal que no tenía los caudillos de las estepas.
Las limitaciones para las conquistas de los mongoles hacía tiempo que eran evidentes. Poco antes de que muriera Möngke y de que Kublai Kan se hiciera con el título de Gran Kan, su otro hermano, Hulagu, como gobernador de los dominios mongoles en Persia y Mesopotamia, planteó atacar a los musulmanes de Egipto para lo cual necesitaba una armada que no tenía. Según Weatherford, envió una carta al rey Luis IX de Francia proponiendo una alianza contra los musulmanes de Egipto: «Le pidió que junto con otros monarcas europeos bloquearan los puertos egipcios mientras él atacaba las fortaleza desde tierra firme (…) Como aliciente para semejante alianza, Hulagu ofrecía entregar Jerusalén al papa. La propuesta diplomática fue recibida con un silencio gélido». El hermano de Kublai Kan tuvo que recurrir al emperador bizantino Miguel VIII, que accedió en principio, pero todo el plan se frustró con la muerte prematura de Hulagu.
Si Hulagu no había podido atacar a los musulmanes mucho menos accesible era la conquista para Kublai de China que poseía en ese momento la mayor armada del mundo con la que ni siquiera la República de Venecia podría haber rivalizado. El Gran Kan se había atraído ya a su esfera algunas ciudades del sur de China por medio de dádivas y alianzas pero necesitaba una gran armada para vencer a los Song y la obtuvo en Corea, reino sometido ya en tiempos de su abuelo Gengis Kan. Ordenó construir 1000 barcos y para pagarlos reformó todo el sistema fiscal, creó monopolios estatales para el comercio de la sal y el té, impulsó la primera emisión general de moneda fiduciaria de curso obligatorio en la historia de China. Así, la adaptación de Kublai Kan para superar la gran muralla de agua de la dinastía Song había acabado en una profunda reforma del estado y en 1276 se consumó la conquista.
Según Weatherford, la conquista de China marcó el periodo de dominio mundial de la dinastía Yuan, caracterizado por el control del comercio global. A pesar de las desastrosas campañas contra Japón —en las que Corea fue obligada a participar—, el autor avanza en su relato hasta los descendientes de Kublai, como su nieto Temür, para afirmar que, a comienzos del siglo XIV, «China no era sólo el centro manufacturero del mundo; también controlaba la distribución de los bienes«.
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Aproximadamente dos siglos antes de que portugueses y españoles se lanzasen a la conquista de los mares, la China unificada de los Yuan que había forjado Kublai Kan estaba en el centro del comercio global: «El principal eje del comercio mundial se extendía desde los puertos del sur de China en Oriente hasta los vastos emporios de la isla de Kish y Ormuz, en la entrada del golfo Pérsico, el punto más cercano a Europa al que podían llegar con seguridad los enormes juncos de carga» y desde Kish y Ormuz, «otras rutas marítimas se dirigían a Arabia y Egipto y bajaban por la costa africana, recorridas tanto por embarcaciones chinas como árabes e indias. Las rutas terrestres conectaban estas ciudades con Bizancio, Rusia y los puertos de Europa Occidental» tal y como argumenta el historiador estadounidense, que exagera un tanto al unir los conceptos de «comercio global» y «superpotencia marítima», de la dinastía Yuan, porque los verdaderos imperios globales marítimos estaban aún por llegar.
Antes de que los españoles se lanzasen a la conquista, China estaba en el centro del comercio global
El imperio de Kublai y los relatos de Marco Polo serían de hecho uno de los acicates para la empresa de Cristóbal Colón, financiada por el Reino de Castilla, que cambiarían precisamente el mundo por medio de la expansión marítima y el comercio global que lograría el imperio español a lo largo del siglo XVI. Colón había leído Los viajes de Marco Polo así como Los viajes de Mandeville y buscaba precisamente la rica Catay, la China de Kublai Kan. De alguna forma el marino iba En busca del Gran Kan, tal y como imaginó Vicente Blasco Ibáñez en el título de su novela sobre Colón publicada en 1929. Antes, los portugueses habían doblado el Cabo de Buena Esperanza logrando la ruta marítima hacia el índico y el mar de China. Pero para entonces ya no existía la dinastía Yuan ni China miraba al mar. ¿Qué acabó con esa superpotencia marítima? La inflación desbocada de la moneda fiduciaria, la corrupción política, los ataques de piratas en el mar, la peste y algunos desastres naturales. Weatherford dedica pocas páginas a la decadencia Yuan en este aspecto, ya que la realidad es que China dejó de ser una potencia marítima principalmente por decisión política. Tras varias rebeliones contra los Yuan, Zhu Yuanzhang derrocó al último emperador, Toghon Temür, e instauró la dinastía Ming.
Sus normas fueron estrictas: «Bajo pena de muerte se prohibió a los habitantes de la costa hacerse a la mar o contactar con extranjeros. Exportaciones e importaciones: prohibidas. Comercio: reprimido. Barcos: destruidos. Astilleros: cerrados. Puertos: sellados. Las únicas embarcaciones marítimas eran los botes de un solo mástil que patrullaban la costa, impedían la entrada de extranjeros y evitaban la salida de los chinos». Así se cerró el capítulo marítimo antes de que los europeos establecieran un comercio limitado con China, que siglos después derivaría en el sistema de puerto único en Cantón para el comercio de manufacturas chinas.
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